Horacio Ibarreche

Consultor e historiador azucarero

La venta del ingenio Concepción supone un claro beneficio para la comunidad azucarera. Así lo revelan las primeras expresiones que se van conociendo, tanto desde lo público como desde lo privado. Blaquier es un apellido fuerte y con mucho peso en la historia azucarera argentina. Que Santiago se constituya en dueño del mayor ingenio de Tucumán no es poca cosa y lleva a varias lecturas.

La primera, a mi criterio, es el de un aire fresco en un momento en que la actividad en su conjunto requiere un cambio. Las cosas no vienen bien en los últimos tres años y la caída de los precios, atribuida a varias razones, ha puesto en difícil y comprometida situación a todos los protagonistas. Concepción es un actor de volumen y no en vano el originario esfuerzo de Juan José García al fundarlo en 1835 lo constituyó desde “unas cuantas cuadras de cañaverales” con “trapiches de palo movidos por bueyes primero, mulas después y finalmente por agua” en los que al cabo de casi 200 años es un espectacular ejemplo de desarrollo y crecimiento. El legado, otrora, de los hermanos Méndez durante años, la oportuna conducción de don Alfredo Guzmán durante un largo periodo y la transformación societaria posterior con los García González y los Paz dejó su impronta favorable en la cual comprometieron grandes esfuerzos. Atanor y Luque hicieron posteriormente lo que pudieron y Dios dirá como le irá a Blaquier. Ojalá que bien. El desafío es grande.

Un cambio era sin dudas bienvenido porque contribuiría, entre otras cosas, a sacarnos de los destruidos precios actuales. Vender hoy a $ 30.000 la bolsa mercado interno y a $ 23.000/24.000 la exportación es solo una invitación a pérdidas perpetuas y empantanarnos cada vez más. Si la irrupción de Blaquier ayuda al cambio de esta estructura de funcionamiento se habrá más que justificado su presencia.

Buen recibimiento

La industria lo recibió de la mejor manera, y no como un competidor. Eso es bueno. En lo público, más allá de los protocolos, ámbito en el cual los Blaquier saben manejarse con un abuelo, Herminio Arrieta y un padre, Carlos Pedro Blaquier, que de esto sabían mucho, son testimonios vivos de cómo deben ser las relaciones con el poder político. Santiago Blaquier dio sus primeros pasos inteligentemente y el gobernador Osvaldo Jaldo lo escuchó y recibió muy bien. Por añadidura las primeras expresiones de los sectores laborales y la descontada conformidad cañera avizoran un buen comienzo.

Santiago Blaquier desembarca en Tucumán: se concreta la compra del ingenio Concepción

Los fantasmas de concentraciones perversas no son más que especulaciones sin fundamento. Que hoy 10 de las 19 fábricas sucroalcoholeras del norte argentino estén en pocas manos hay que verlo también desde lo positivo porque ello puede, lejos de ser malo, contribuir a que los resultados, sobre todo en la comercialización, estén definitivamente mejor orientados, porque el consenso de pocos es mejor al de muchos. Viene también Blaquier acompañado por gente que sabe de gestión y la posibilidad del éxito no está lejana. Si es eso así no dudemos que irá en beneficio de todos los componentes sucroalcoholeros de Tucumán, Salta y Jujuy.

Los curiosos de la historia podremos, quizás más pronto que tarde, escribir en algún momento con enjundia que este cambio fue virtuoso.